Hace no mucho que vi esta película. Mi primera impresión, y también la última, no la dejan en muy buen lugar. Sin embargo, antes de escribir verdaderas burradas (que posteriormente, efectivamente, leeréis) decidí documentarme un poco para que, al menos éstas, estuvieran cargadas de razón.
Al parecer, la película dirigida por Terry Guilliam, está basada en la novela, bajo el mismo título, del periodista estadounidense Hunter S. Thompson y fue publicada en 1971. Thompson destacó, en el contexto de la Guerra del Vietnam y años posteriores, por sus reportajes de guerra y por ser el icono de lo que él mismo denominó “periodismo Gonzo”.
Tal variante se caracteriza por el contacto directo con la noticia, en la que muchas veces, la implicación y protagonismo del periodista son tales que superan la importancia de la noticia misma; la fusión entre lo subjetivo y lo objetivo hace que los relatos cobren una viveza capaz de llegar a las entrañas de cualquier telespectador. De hecho, en sus obras en general y en la que hablamos hoy en particular, podemos observar personajes cuya forma de actuar está cargada de las influencias de esta corriente. Para aclarar, en parte, las generalidades de las que hablo, me remitiré a hacer un breve resumen de la novela, comentando ciertos puntos de interés:
El propio Hunter S. Thompson relata su vivencia personal (exagerada y deformada grotescamente) junto a su abogado Óscar Zeta Acosta. En la novela, su persona aparece bajo el pseudónimo de Raoul Duke, quien igualmente, viaja con su abogado: el Dr. Gonzo, ambos acompañados de un gran cargamento repleto de la mayor variedad de estupefacientes jamás imaginada.
Ambos se encaminarán hacia Las Vegas para cubrir un reportaje acerca de una carrera de motocicletas y en busca del siempre ansiado “sueño americano”. Como resultado de este cocktail, obtenemos extensos periodos de delirio incontrolado y alucinaciones psicotrópicas de lo más extravagantes en ambos personajes, flasbacks y descripciones incoherentes en referencia al escenario espacio-temporal. Un ejemplo destacado y muy comentado es que es imposible que el autor, en la vida real, pudiera asistir en el mismo día a la carrera de motos y a la convención de narcóticos, pues ambos sucesos tuvieron lugar con una diferencia temporal de un mes. El relato del autor puede hacer pensar que el desenfreno yonki dio lugar a la pérdida de percepción temporal real y que, por ello, se relatan de manera sucesiva y, cómo no, muy difusa.
Y aquí acaba el resumen; la novela no abarca más allá de los delirios y las paranoias, eso sí, a un ritmo vertiginoso. Sin embargo, podríamos considerar que el autor intenta retratar, con escuetas pinceladas, la escena decadente de aquellos años; unos años en los que se intentaba buscar la evasión mediante vías de escape alternativas, al horror y a los derroches de la guerra; buscar el descanso tras el agotamiento y abatimiento sufridos en la lucha contra la injusticia; buscar un modo de no pertenecer a aquello; buscar algún elixir capaz de solucionar las angustias de la existencia…
Como comentaba, esta última descripción tan profunda y asquerosamente modernita se aprecia a muy pequeña escala en la novela; lo que destaca de sobremanera, es el relato del viaje, literal y figurado, de dos colgados a través de la extravagante forma de vida de Las Vegas.

Escrito por Mela
Escrito por Zicmu
Desde que estoy enganchado a One Piece, mi pasión por los piratas no hace otra cosa que crecer. Tanto, que he pasado de leerme los 

Escrito por Zicmu
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Esto da lugar a los cambios que, quienes seguimos de cerca a estas bandas, hemos observado durante el último año en sus nuevos trabajos: melodías menos elaboradas, más comerciales, con excesivas influencias electro-dance que nos hacen recordar los estragos causados por Madonna… y nos hacen olvidar los riffs con que nos embelesaron desde el principio, en sus primeros trabajos. Este es el resultado. Cuando un puñado de borregos se agrupa alrededor de algo que muy pocos saben admirar, tal suceso se devalúa y pierde parte de su brillo. Consecuentemente, ya no requiere la misma dedicación, pues es de sobra sabido que tendrá salida (Leyes económicas: oferta y demanda; en este caso, de la música).
Dicen en Wall-e, pues con el ejemplo que nos ocupa es igual. Exactamente igual. Y es que… ¿te suena lo de leer números y números… y tener la sensación de que el autor no tiene ni zorra de adónde quiere ir? ¿Como si lo improvisara todo sobre la marcha? ¡Sí, sí! Esa pesadez de leer casos y casos que no tienen prácticamente nada que ver unos con otros, que, molan, sí, pero al cabo de los años acaban cansando… Con todos ustedes… chun-chun… ¡¡¡Fairy Tail!!! ¡¡El nuevo Detective Conan!!


Volviendo a lo que nos ocupa, pese a que los autores (Xavier Dorison al guión y Marthieu Lauffray al dibujo) digan que no pretenden tal cosa, bien podría ser una continuación moderna de La Isla del Tesoro, pues sigue la línea argumental de esta allá donde la dejó Setevenson. Los diálogos están muy bien construidos y hacen fácil el introducirte en el contexto histórico, que si no recuerdo mal era a finales del siglo XVIII. El dibujo, pese a ser un poco sucio, está bastante bien para ser cómic europeo (recordemos que este, con la excepción de Asterix y alguno que otro, suele contar con un dibujo de mierda porque los holgazanes de los autores argumentan que para qué cuidar el dibujo si ya cuidan el guión. 
















