Las cosas ya no son lo que eran, grumetillo

El otro día tuve un arranque de consumismo, y decidí comprarme algún cómic aunque fuera algo carillo. Y claro según voy mirando, ya se me va moviendo el cuerpo hacia la T… T, T, T…¡uy! ¡Trondheim! Que poco casual casualidad… Y supongo que influenciado por el fenómeno “Piratas” tras la genial tercera entrega de la saga, se planta mi visión en aquel del que voy a hablaros a continuación: “La isla de Borbón, 1730”.

Dibujado por su eminencia y guionizado por un desconocido para mí que firma bajo el pseudónimo de “Appollo” (lo cual le lleva a uno a pensar en un hombre de gran autoestima, porque ya hay que tenerlos cuadrados para apodarse a sí mismo como el dios de la belleza), está publicado por las ediciones Ponent Mon, alabadas por culturetas del cómic y gente Sins Entido en general (Dios me libre…), y con un precio escandaloso, como es de esperar de un cómic destinado a pijillos undergrún (y a mí:P), de 19.50 euros.

El cómic, a pesar de parecer a primera vista una piratesca aventura así sin más, se trata de una reconstrucción histórica con añadidos propios (por aquello de hacerlo un poco más interesante), de la caida de la pirateria europea en general y francesa en particular. La aventura se centra en el joven y soñador aprendiz de ornitólogo (uouh, apasionante) Raphaël Pommery, que se conduce a la isla de Borbon junto su maestro, el profesor Despentes, en busca de los últimos ejemplares del dodo. La isla de Borbón es el lugar a donde enviaba desde hacía ya unos años el rey de francia a los piratas amnistiados, junto a un puñado de esclavos y les otorgaba unas tierras donde plantar el algodón, a cambio de su abandono de la piratería. Y Raphaël siente una enorme pasión por la piratería y todo lo que ella representa, la cual se va ver acentuada cuando se entera a su llegada a la isla de que el Halcón, el último pirata que tenía desde hacía años en guardia a toda la marina, ha sido capturado y va a ser ahorcado. Además de esto, el panorama presenta un gran grupo de cimarrones asentados en las montañas de la isla, haciendo pequeños saqueos y montando altercado entre las tierras de los piratas aministiados, dueños y señores de la isla. Por si no fuera poco, en su búsqueda del dodo, van a hallar en el bosque a la joven y bella Evangeline, hija de uno de los ex-corsarios más influyentes de la isla, la cual va a demostrar un excéntrico afecto por los cimarrones. La aventura está servida. A partir de aquí, intrigas políticas, peleas de piratas borrachos, y situaciones incómodas serán el plato principal de la aventura.

A pesar de todo lo mentado, cabe decir que esta obra ha sido hecha con cierto afán histórico, a parte de lo ficticio de la trama, así que no espereis tanto una gran aventura como una narración, muy bien adaptada, eso sí, de hechos que sucedieron en el S XVI, y que representaron el fin de la pirateria como tal. Nos ofrece el perfil de los diversos personajes que habitaban la isla: ex-piratas, esclavos, cimarrones, borrachos, interesados políticos, soñadores de una nueva piratería…
A pesar de todo, pongo a [put here your god´s name] que si no hubiera estad guionizada por el tal Appollo, que al parecer es en Francia una eminencia literaria, la imagiación de mi bienamado Lewis habría convertido este cómic en un montón de disparatadas y geniales aventuras de lo más piratescas… y es que material, hay.

Lamento la ausencia debida a exámenes, a partir de hoy volveré a la publicación dominical de siempre.

Una respuesta a Las cosas ya no son lo que eran, grumetillo

  1. brays dice:

    Pinta bien, pero Guybrush Threepwood hasta la muerte, a ver si me entiendes. Monkey Island es así, y hay que verlo, las dos primeras son muy buenas, la tercera casi llega, la cuarta ya no tanto. Juega a Monkey Island y descubrirás todo lo que quieras saber sobre piratas, simplemente genial.

    Por eso en Piratas del Caribe 2 cuando iban por barcas en el pantano yo sabía que se iban a encontrar con una medium morena/negra algo drogada que les iba a dar una cosa superimportante y que lo sabía todo. Lo que me extrañó bastante es que no fuesen remando en ataúd y la tía no tuviese pollos de goma, pero eso es otra historia.

    Saludos.

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