Las nubes y yo

Y de repente, te sientes como una diminuta pulga ante la inmensiad contemplada. Miras hacia delante y vas encoogiendo a la vez que tu vista va avanzando hacia un inexistente horizonte. Una parte de ti se rompe en mil pedazos, cuando descubres que la importancia que tienes te la has ganado tú, frente a esa elite de magnanimidad innata, natural, del paisaje. Otra parte de ti se alivia y piensa que tus problemas no son más que minucias comparados con lo presente. Y de repente te alegras por todo ello, y piensas, “Si yo en mi nimiedad tengo los problemas que tengo…¡Cuán terribles han de ser las desdichas de estos titanes!
Y entonces, te vas a la cama a una hora completamente inadecuada, te arropas y pones cara de felicidad antes de caer en un profundo sueño…

Nunca pude imaginar que ser tan poquita cosa me hiciera tan feliz, y cuando comprendo esto, me vuelvo tan sublime como el paisaje.

 

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